Un ejemplo muy expresivo de la confusión sobre el contenido en las artes figurativas es el caso de "El buey desollado", de Rembrandt, que no fue recibido en Italia debido a que una comisión de críticos (?) puso el veto a su adquisición debido a que su asunto (una estampa de carnicería) era indigno de figurar en un Museo. Actualmente todo el mundo admira y ensalza "el buey desollado" (expuesto en el Museo de Louvre) como una de las más valiosas y expresivas obras de Rembrandt y como una joya de la pintura universal. ¿Cómo ha podido darse en la valoración de este cuadro un cambio tan desconcertante? Sencillamente, porque aquella comisión de críticos no supo comprender que lo que su pintura expresa -el contenido del cuadro- no es la realidad empírica de un buey desollado, sino la emoción plástica experimentada por el pintor ante un objeto (no importa lo que el ob­jeto sea), visto no como hecho práctico, no como buey, sino como soporte de unas vibraciones de luz y de color que él traduce en calida­des pictóricas.