La bóveda del palacio Farnese, comenzada en 1597, no se concluyó hasta 1608, en ella colaboraron algunos discípulos de Annibale. El programa propuesto, el triunfo del amor representado a través de escenas de las Metamorfosis de Ovidio, era, como tan a menudo se ha escrito, bastante revelador sobre un cambio del clima moral en la Roma de la Contrarreforma (téngase en cuenta que la obra se realizaba para un cardenal, Odoardo Farnese, que le había pedido un programa de escenas mitológicas relacionadas con el tema del amor).
Annibale resolvió el encargo, que se inscribía en la más pura tradición decorativa clasicista (escenas mitológicas al fresco, una especie de recuperación del espíritu romano de comienzos del XVI), recurriendo a un armazón arquitectónico fingido que parecía continuar la arquitectura real de los muros y encuadra las escenas prestándoles la apariencia de pinturas de caballete enmarcadas. La escena central de la gran sala (18 x 6 m) muestra el Triunfo de Baco y Ariadna, un alegre y movido cortejo desarrollado en friso a la manera de los relieves clásicos y en el que Annibale ha sabido conciliar el bullicio del avance con la estabilidad de la composición. En una atmósfera radiante Annibale hace un canto a la vida y a los placeres de la sensualidad dentro de un tono general de contención, impuesto por el decoro, que dignifica la escena. Por los mismos motivos y por su aspiración al idealismo, las figuras, minuciosamente estudiadas y llenas de corporeidad, asumen proporciones canónicas. Basta recordar el Baco de Caravaggio y compararlo con este otro de Carracci, tan miguelangelesco y sereno, para medir la distancia que separaba a los dos grandes renovadores de la pintura italiana de su época. Con estos frescos se inicia lo que se llama la "gran decoración barroca": las escenas mitológicas son cuadros trasladados a una arquitectura pintada y adornada con Hermes y Cariátides. Las formas evocan las de un arte más antiguo conscientemente imitado, pero también reanimado, sentido y deseado en la ficción pictórica.
El programa de Annibale consiste en al revalorización integral de la cultura clásica y del Renacimiento, y por ello era inevitable tomar como referentes a Miguel Angel, Rafael y la Capilla Sixtina. Es el triunfo de la pintura como mímesis: imita a la naturaleza (los fondos del paisaje y el cielo), imita a la arquitectura (continuando las estructuras reales en las imaginarias o fingidas), imita a la escultura (en las cariátides, los hermes y medallones) y, finalmente, se imita a sí misma (en los cuadros fingidos). E imita también a la poesía, no sólo porque cuenta con figuras las cosas que la poesía dice con palabras, sino porque emula la libertad de imaginación que es propia del poeta. La pintura no trata ya de representar verdades objetivas; pretende, más bien, representar en vivo esa realidad de la imaginación que son las imágenes.
Los temas representados obedecen a un sentido unitario cuyo fin didáctico era el de exaltar la virtud y vituperar el vicio: un sentido alegórico referido al poder omnipotente del amor al que sucumbieron también los dioses de la antigüedad. Annibale utiliza las alegorías inspirándose en las fábulas, sobre todo de Ovidio, de tres maneras: comparando la virtud con el vicio, proponiendo los bienes de la virtud y mostrando los males del vicio.
El carácter vital del ciclo -que culmina en la escena central "Triunfo de Baco y Ariadna"- viene a representar una relajación de costumbres paralela a la moral estricta de la Contrarreforma. El uso privado, familiar e íntimo de la galería permite temas más frívolos, indolentes y eróticos.
La pintura de arquitectura ilusionista, quadrattura, que prentende prolongar la propia arquitectura hacia aun espacio imaginario, fue utilizada en este techo a base del "quadri riportati", que es como un cuadro de caballete con marco, trasladado al techo, ya que se consideraba que los temas mitológicos se tenían que representar en composiciones aisladas.
 
En la escena central, Baco salva a Ariadna, que ayudó a Teseo a salir del laberinto y que quedó abandonada en la isla de Naxos, donde Baco la recogió por amor. Inspirándose en el relieve de sarcófagos romanos. Nos presenta, a la izquierda y en primer término, el carro dorado que lleva Baco, con el símbolo de la uva, tirado por crías de tigre. A su lado, y sentada sobre un carro blanco tirado por cabritos blancos, Ariadna con su corona de fuego. A la derecha vemos un conjunto abigarrado de silenos (habitantes del bosque) y sátiros, que preceden al grupo y que bailan en estado de embriaguez, llevando jamones y jarras de vino. Unos amorcillos sobrevuelan la escena. En los ángulos inferiores, y en primer término, dos figuras en actitud de reposo. A la izquierda un centauro de espaldas y a la derecha una diosa que recuerda la de la Bacanal de Tiziano.