Juan Bta. de La Salle, un Santo para los niños y los jóvenes...

La familia...

Nuestra pequeña historia empezó con un hombre bueno, Juan Bautista de La Salle, en Francia, en tiempos del Luis XIV, el Rey Sol. Tiempos de esplendor y de guerra, de triunfos y de hambre generalizada.

Hijo de Luis y Nicol, Juan Bautista nació en Reims en 1651, y podríamos decir de él que fue “un niño que nació con un pan bajo el brazo”. Perteneciente a la burguesía el padre y a la pequeña nobleza la madre, Juan Bautista fue educado por profesores particulares hasta los once años. En el prestigioso colegio “Bonorum Puerorum” recibió la formación humanística que le abriría las puertas de la universidad, “las puertas del futuro”…

Pero el niño fue creciendo en un ambiente familiar cristiano, en el que la abuela tuvo mucho que ver. Y quizá por ello quiso ser sacerdote. Y en el ambiente eclesial de la época, con apenas 15 años fue nombrado canónigo de la más prestigiosa catedral de Francia, Reims, en la que se coronaban los reyes. Y como el tema iba en serio, sus padres le llevaron al mejor seminario francés de la época y a la mejor universidad de Francia: La Sorbona. El futuro era predecible para el nuevo sacerdote. ¿Qué se podía esperar de este joven rico, inteligente, doctor en Teología, canónigo, emparentado con la burguesía y la nobleza? ¿Obispo a corto plazo? ¿Quizá cardenal en un futuro no muy lejano?


Pero Dios tenía otros proyectos...

¿Qué le pasó a Juan Bautista para que la vida le diese un vuelco a su destino?:


* Del prestigio del altar y el templo a la vida poco relevante en las aulas de una escuela.
* De codearse con la nobleza, la burguesía y el alto clero a vivir con unos maestros, cuya profesión carecía de prestigio social, y a los que con el tiempo llamó Hermanos, y con los que viviría en Comunidad para siempre.
* De atender espiritualmente a gente de la buena sociedad, a enseñar lo más elemental de la cultura a los niños que deambulaban por la calle, porque en sus casas no había recursos ni interés para acceder a la cultura. De un estilo de vida burgués a repartir lo que tenía con los pobres y vivir como ellos.


Dios puso en su camino personas...

Si lo miramos desde la fe, podemos decir que Dios es quien trazó el camino. Y en el camino de Juan Bautista puso a Nicolás Roland, el amigo del alma, que le ayudó a confiar en Dios, como Aquél que no puede abandonarnos. Y puso también a Adrián Nyel, un maestro bueno de Rouen, que le “abrió los ojos” y le ayudó a descubrir el rostro de los niños pobres de Reims, su propia ciudad. Niños sin escuela y sin futuro. También el Padré Barré, que le animó a dejar la canonjía, repartir su herencia a los pobres y vivir entre los excluidos.


Siempre en el camino, como Abraham...

Y animado por Dios y los niños pobres, Juan Bautista y los primeros Hermanos salieron de Reims hacia París, y posteriormente hacia el resto de Francia, para crear “Escuelas Cristianas”, el medio más adecuado y necesario para construir un mundo mejor. Escuelas sencillas en las que se enseñaba a leer y a contar, a escuchar a Dios a quien se le puede llamar Padre y a ser personas de calidad humana.


Creatividad para servir a los pobres...

Y Juan Bautista, siempre atento a las necesidades de los niños y de los jóvenes, escribió libros; y pensando en ellos creó escuelas totalmente distintas a las que entonces funcionaban. Escuelas graduadas en las que se enseñaba en francés; escuelas dominicales para los jóvenes que ya trabajaban y querían ampliar sus conocimientos; escuelas para los hijos de los marinos del Rey; un internado para jóvenes reclusos condenados por la justicia; una Escuela de Magisterio para formar maestros, porque los Hermanos no podían dar respuesta a todas las peticiones que recibían. Y todo ello a finales del siglo XVII.


Perseguido, como Jesús de Nazareth...

Y por estar cerca de los niños y de los jóvenes necesitados se le complicó la vida: surgieron enemigos que le destruyeron algunas escuelas, fue insultado y llevado a los tribunales. Tampoco fue bien comprendido por algunos sacerdotes y algún obispo. Incluso algunos Hermanos abandonaron el proyecto que juntos habían soñado… Y por ello decidió marchar lejos para "vivir su noche oscura". El Santuario de Paremnia, cerca de Grenoble, fue el lugar donde recuperó la paz perdida, donde comprendió que su sitio estaba junto a los Hermanos, entre los niños de las escuelitas que iban extendiéndose por Francia.


Adoro la voluntad de Dios para conmigo...

Pero Dios, que no abandona a los que confían en Él, le llevó consigo cuando Juan Bautista tenía 67 años. Al morir dejaba cerca de cien Hermanos y veinticinco escuelas en Francia y una en Roma. Poco antes de morir, sus últimas palabras fueron: “Adoro en todo en todo el proceder de Dios para conmigo”. Ese día, 7 de abril de 1719, murió un hombre bueno y nació un santo.


Si quieres conocer sus escritos...


La Escuela Lasaliana, "Escuela de santidad"...

Después de tres siglos e la santidad ha arraigado entre los pupitres y los patios de la Escuela Cristiana:

 

San Arnould Rèche, (Francia): educador y Maestro de Novicios.

San Miguel Febres Cordero, (Ecuador): educador, lingüista, catequeta, "Académico de la Lengua".

San Mutien Marie Wiaux, (Bélgica): profesor de Música.

San Benildo Romançon, (Francia): director de una escuelita de pueblo.

San Jaime Hilario, (España): profesor de Humanidades, con el tiempo hotelano, finalmente Mártir en la Guerra Civil.

San Cirilo Beltrán, (España). Director de una escuela en un valle de Asturias. Mártir en la Guerra Civil.

Beato Salomón Leclerc, (Francia). Educador, Secretario del Superior General. Mártir durante la Revolución Francesa.

Beato Scoubilion, (Francia): educador, catequista, "apóstol de los esclavos" en la isla de La Reunión.

Beatos mártires de La Rochelle, (Francia): Educadores. Mártires de la Revolución Francesa.

Beatos mártires de Almería. Educadores y Mártires en la última Guerra Civil.

Beatos mártires de Valencia. Educadores. Hijos de Aragón y Mártires en nuestra tierra.


"Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa que recordar y contar, sino una gran historia que construir. Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas". (Juan Pablo II. VC, 110).