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"Los Hermanos de La Salle <<en
defensa de los derechos del niño>>.
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 17 junio 2007 (ZENIT.org).-
El Hermano Álvaro Rodríguez Echevarría, natural de
Costa Rica, ha sido reelegido superior general del Instituto de los Hermanos
de las Escuelas Cristianas, conocidos como Hermanos de La Salle, durante
el último Capítulo General que se ha clausurado en Roma
estos días.
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En una conversación con
Zenit, en su despacho en la curia generalicia de Roma, el Hermano
Álvaro cómo la familia religiosa fundada por san Juan
Bautista de La Salle (1651-1719) sigue inquebrantablemente comprometida
con la educación y la «defensa de los derechos del
niño». Asimismo, revela que la presencia de la familia
lasaliana es cada vez más alta en países de minoría
cristiana, constituyendo así sus escuelas una plataforma
para el diálogo interreligioso. Las nuevas comunidades se
han constituido en Vietnam y en Sudán. |
--¿Cuál
es la misión de la familia de La Salle tres siglos después
de su fundación?
--Hermano Álvaro:
La familia lasaliana está constituida por un instituto creado en
1680 por el fundador, en Francia, y hoy hay laicos que también
comparten este carisma de la educación cristiana de los jóvenes,
y particularmente de los jóvenes pobres. Somos 5.400 Hermanos y
78.000 seglares trabajando en 82 países. Nuestra misión
la definió bien Juan Pablo II: «Llevar el Evangelio a la
escuela», y en palabras de Juan Bautista de La Salle, «dar
cristiana educación a hijos de artesanos y pobres». En los
últimos años la defensa de los derechos del niño
es una de nuestras metas. En cierto modo los niños son nuestros
fundadores, nosotros nacimos para responder a sus necesidades.
--Ustedes
tienen escuelas en países de minoría cristiana. ¿Es
el diálogo intercultural e interreligioso una vuestra prioridad?
--Hermano Álvaro:
En Oriente Medio y en Asia nuestras escuelas son de mayoría no
cristiana, a veces musulmana, a veces budista. Es una de las cosas más
hermosas de nuestras escuelas, que son un lugar de encuentro para el diálogo.
En Haifa (Israel), en la escuela hay alumnos de más de treinta
denominaciones cristianas, además de musulmanes y judíos.
--El fundador era sacerdote,
ustedes no. El hecho de ser un instituto de hermanos, ¿agudiza
la crisis vocacional?
--Hermano Álvaro:
El fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y Patrono de los
educadores cristianos, san Juan Bautista La Salle, quiso que naciéramos
como Hermanos. La razón era que la escuela necesita personas a
tiempo completo, y el ministerio sacerdotal tiene que atender a otras
necesidades. Esta disponibilidad nuestra es una de las razones del éxito
de nuestra congregación, es una fraternidad hoy compartida también
con los seglares. Nosotros apuntamos a la calidad de las relaciones: fraternidad
y vida comunitaria como parte de la misión. Es cierto también
que el descenso vocacional se ha notado más en las congregaciones
de Hermanos. Creemos que es necesario vivir como hermanos en un mundo
dividido, y nosotros estamos llamados a ser el rostro de la Iglesia mediante
nuestra fraternidad. En el interior de la Iglesia ser hermano a veces
es una vocación poco valorada y poco conocida, cuando la vida religiosa
en sí no es clerical sino también laical.
--Los seglares participan
de su carisma cada vez más. ¿Es algo nuevo?
--Hermano Álvaro: El
fundador abrió ya una escuela para laicos, aunque es en los últimos
cuarenta años en los que se ha incentivado esta colaboración,
por varios motivos, entre ellos que hemos entendido juntos que los seglares
participan y viven del carisma lasaliano.
--El 28 de octubre se beatificarán
aquí en Roma 58 mártires españoles deLa Salle ¿Cuál
es su mensaje?
--Hermano Álvaro:
Eran todos jóvenes y formaban parte de una misma comunidad. Trabajaban
con niños y jóvenes en escuelas populares y no tuvieron
miedo de dar su vida en un momento en el que el hecho de ser religioso
tenía unas connotaciones negativas para algunos. A mí me
parece paradójico que ellos, que pretendían ayudar y trabajaban
con niños, fueran considerados peligrosos. Son un testimonio de
fidelidad hasta las últimas consecuencias.
"Murió como había vivido".
3 de abril de 2003.
Murió como había vivido, por José Antonio Pagola
30.03.07 @ 16:41:59. Archivado en Pagola, Evangelio
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¿Cómo
vivió Jesús sus últimas horas?, ¿Cuál
fue su actitud en el momento de la ejecución? Los evangelios
no se detienen a analizar sicológicamente sus sentimientos.
Sencillamente, recuerdan que Jesús murió como había
vivido. Lucas, por ejemplo, ha querido destacar la bondad de Jesús
hasta el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad
de perdonar.Según su relato, Jesús murió amando.En
medio del gentío que observa el paso de los condenados camino
de la cruz, unas mujeres se acercan a Jesús llorando. No
pueden verlo sufrir así. Jesús «se vuelve hacia
ellas» y las mira con la misma ternura con que las había
mirado siempre: «No lloréis por mí, llorad por
vosotras y por vuestros hijos». Así va Jesús
hacia la cruz: pensando más en aquellas pobres madres que
en su propio sufrimiento.Faltan pocas horas para el final. Desde
la cruz sólo se escuchan los insultos de algunos y los gritos
de dolor de los ajusticiados. De pronto, uno de ellos se dirige
a Jesús: «Acuérdate de mí». Su
respuesta es inmediata: «Te lo aseguro: hoy estarás
conmigo en el Paraíso». Siempre ha hecho lo mismo:
quitar miedos, infundir confianza en Dios, contagiar esperanza.
Así lo sigue haciendo hasta el final. |
El momento de la crucifixión
es inolvidable. Mientras los soldados lo van clavando al madero, Jesús
decía: «Padre, perdónalos porque no saben lo que están
haciendo». Así es Jesús. Así ha vivido siempre:
ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre, sin que se lo merezcan.
Según Lucas, Jesús muere pidiendo al Padre que siga bendiciendo
a los que lo crucifican, que siga ofreciendo su amor, su perdón
y su paz a todos los hombres, incluso a los que lo rechazan. No es extraño
que Pablo de Tarso invite a los cristianos de Corinto a que descubran
el misterio que se encierra en el Crucificado: «En Cristo estaba
Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones
de los hombres». Así está Dios en la cruz: no acusando
al mundo de sus pecados, sino ofreciendo su perdón. Esto es lo
que celebramos esta semana.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora Buenas Noticias
Celebra el amor de Dios. Pásalo
1 de abril de 2007
Domingo de Ramos (C)
Lucas 22, 14 – 23,56
Conferencia del Hermano Superior General...
Con motivo del "Simposio Intenacional de Jóvenes"
en Roma, julio de 2006.

Hermano Álvaro
Rodríguez Echeverría.
Superior General.
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¡Señor
haz que entregue la vida
como la mañana al sol que la despierta,
como la playa al mar, cuando la besa,
como la nube al viento que la lleva!
¡Señor
no duermas en mis ansias,
no descanses mis pasos,
no mitigues mis sedes,
no me aplaques las hambres!
¡Empújame a la vida!
Hermano Noé Zevallos, fsc.
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“El rol
de los jóvenes lasalianos en la Misión Educativa Lasaliana”
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Queridos jóvenes lasalianos:
He querido empezar estas palabras con una poesía
de uno de los Hermanos que cuando era joven Hermano marcó profundamente
mi vida. El Hermano Noé Zevallos, era peruano de nacimiento y latinoamericano
de corazón. Teólogo de la liberación que marcó
a muchas generaciones de jóvenes estudiantes y vivió con
gran autenticidad su compromiso con los más pobres y nos ayudó
a muchos a descubrir mejor el carisma de La Salle y a encarnarlo en América
Latina. Al morir inesperadamente, le encontraron un cuaderno de poesías
entre las cuales, la que acabamos de escuchar.
Entregar la vida, es el secreto de encontrar la vida
y de una plena realización humana. La vida solamente vale la pena
si es para darla. Entregar la vida es hacer que una misión imposible
se convierta en posible y que nuestros sueños compartidos se hagan
realidad. Entregar la vida, entregar sus vidas, hacer que todos tengan
vida me parece que es el aporte más hermoso e importante que un
joven lasaliano pueda hacer a la misión educativa lasaliana.
Ciertamente no se trata de un compromiso light, y es
muy posible que ante la magnitud de la tarea y los obstáculos que
la sociedad de hoy nos presenta, tiremos muy pronto la toalla. Un joven
alemán de 16 años le decía a Günter Grass durante
uno de los conciertos de la famosa Love Parade (Berlín, 1995):
Como de todas formas no podemos salvar el mundo ¿por qué
no dar una fiesta? (G. Grass: Mi siglo, Alfaguara, Madrid, 1999). Se comprende
que ante un mundo difícil de salvar, sea más fácil
intuir la actitud de unos jóvenes jugando irresponsablemente sin
apenas una propuesta de futuro.
Pero como jóvenes lasalianos no deben caer en
esa trampa. Les toca a ustedes sembrar y hacer fructificar las semillas
de sus sueños para que éstos se conviertan verdaderamente
en realidad.
* El aporte de los jóvenes lasalianos hoy.
Una primera constatación es que el mundo de los jóvenes
lasalianos no puede ser expresado con imágenes estáticas.
El hecho es que ustedes no son una realidad homogénea ni uniforme
sino diversa y plural. Diversa y plural por las edades que tienen y por
las culturas y geografías que representan. Con esta salvedad, en
esta charla voy a partir de los horizontes que parecen ser los de los
jóvenes hoy y que podemos definir como la confluencia de unas experiencias
y de unas tendencias que indican las preferencias, aficiones, apegos,
simpatías , intereses, amores, expectativas que los animan. (Cf.
Joaquín García Roca, Las constelaciones de los jóvenes).
Con este telón de fondo, que cada uno debe adecuar a su propia
realidad generacional, geográfica y cultural, podemos ver algunos
aportes que ustedes pueden dar a la misión educativa lasaliana.
* Horizonte del presente.
Una de las características de la juventud hoy es la centralidad
que parece dar al presente. El instante y el ahora parecen predominar
sobre el mañana y el después. Los grandes relatos han dejado
lugar a las narraciones cotidianas. Una de las razones, es sin duda la
incertidumbre que hoy rodea al futuro, que es visto por muchos jóvenes
como amenaza, y suscita preocupación y miedo.
Lo anterior lleva a vivir una actitud pragmatista. Si en contradicción
con el lema de su Simposio, no todo es posible, contentémonos con
lo que tenemos y disfrutémoslo al máximo, parece ser la
praxis de muchos jóvenes. La noche se ha convertido en un símbolo
de la centralidad del presente en la que se suspende el tiempo: en ella
se experimenta una especie de salida del calendario y del reloj y en la
que los jóvenes tienen que gozarlo todo simultáneamente:
peregrinan de un lugar a otro sin apenas permanecer en ningún sitio,
como si el tiempo fuera corto para experimentarlo todo y a la vez. (Cf.
Joaquín García Roca, o.c.).
El debilitamiento del mesianismo histórico y de los grandes proyectos
del pasado abre a los jóvenes caminos más modestos, pero
más realistas y lleva al descubrimiento del valor que tiene la
vida cotidiana. Como nos dice el jesuita José María Tojeira,
rector de la Universidad Centroamericana del Salvador: Incluso las crisis
de las utopías les han llevado al cultivo de compromisos más
cercanos al dolor humano, más que a la desesperación, desencanto
cínico, o incluso depresión a las que arrastró a
muchos adultos ese mismo fenómeno (Diakonía, julio-septiembre
2005). En efecto, para muchos jóvenes lo valioso es consolar hoy
el dolor de una persona, besar hoy a un niño desamparado, llevar
al hospital hoy a un enfermo sidótico… Parece que lo cotidiano
tiene más relevancia que el descubrir las raíces del dolor
o buscar soluciones estructurales.
En un sentido evangélico el joven de hoy se identifica más
fácilmente con los pájaros del cielo o los lirios del campo
y hace suya la palabra de Jesús: a cada día le basta su
propio afán (Mateo 6,34); a diferencia de muchos adultos que se
identifican más cómodamente con los constructores de la
Torre de Babel que se dicen entre sí mirando al futuro y animados
por una voluntad de poder: Vamos a edificarnos una ciudad y una torre
con la cúspide en el cielo, y hagámonos famosos, para no
desperdigarnos por toda la faz de la tierra (Génesis 11, 4). El
desafío siempre será que la ley del poder se convierta en
voluntad de servicio y la ley del egoísmo en capacidad de amar.
A nivel lasaliano pienso en dos maneras cómo ustedes pueden aprovechar
en este horizonte las experiencias y las tendencias de la juventud actual.
Por una parte, como ya se está haciendo en algunas regiones y distritos,
promover el voluntariado por uno o dos años, que les permita, en
un período relativamente corto, vivir una experiencia de servicio
capaz de abrir sus corazones a las necesidades de los demás y que
muchas veces se traducirá en un compromiso futuro más prolongado
abierto a escarbar las raíces (pasado) y buscar soluciones (futuro).
En segundo lugar favorecer experiencias aún más cortas pero
que les permitan tocar con las manos la pobreza y el dolor humano, por
ejemplo, misiones en tierras campesinas o indígenas, campos de
verano, experiencias misioneras en el tercer mundo, alfabetización
para adultos, ayudar a emigrantes a aprender nuestra lengua… Hablar
de Justicia nos debe llevar a experiencias concretas y no quedarnos en
el universo de las palabras y las buenas intenciones. Como jóvenes
lasalianos están llamados a encarnar sus sueños y a vivir
cercanos a los problemas de la gente. Me conmueve siempre este texto del
Fundador, que nos permite ver cuál es la responsabilidad que Dios
ha puesto en nuestras manos: Debéis considerar a los niños
cuya instrucción corre a vuestro cuidado como huérfanos
pobres y desvalidos… Ésta es la razón de que los someta
Dios de algún modo a vuestra tutela. Él los mira con lástima
y cuida de ellos como quien es su protector, su apoyo y su padre; pero
se descarga en vosotros de ese cuidado. El bondadoso Dios los pone en
vuestras manos… (Med. 37,3). También en las manos de ustedes,
jóvenes lasalianos.
* Horizonte del cuerpo.
Otra característica de los jóvenes hoy es la centralidad
del cuerpo y la importancia que él mismo ha tomado en nuestra sociedad.
Esta pasión por el cuerpo se traduce en un cuidado de la forma
física y de la línea corporal, en la centralidad del ejercicio
y en la importancia creciente de los regímenes dietéticos.
El deporte es practicado no tanto con un fin moral de obtener ciertos
valores, sino, sobre todo como la manera de adquirir un buen físico.
Pero es sobre todo la música, tal y como es vivida por los jóvenes
como un espectáculo total, la que expresa la centralidad del cuerpo.
El joven canta y escucha la música como una aventura corporal que
afecta tanto al espíritu como a los sentidos; como un ejercicio
de comunicación y de identificación, que va asociado a una
serie de rituales corporales, modas y apariencias. Cuando en el film se
le pregunta a Billy Elliot, qué siente al danzar, espontáneamente
responde: electricidad. Posiblemente esta sea la mejor manera de expresar
lo anterior.
La centralidad del cuerpo puede llevar en su aspecto positivo a una mayor
sensibilidad por el valor de la persona y de sus derechos. La objeción
de conciencia, la participación en grupos o marchas pacifistas,
la oposición a la pena de muerte, a todo lo que atenta a la dignidad
del cuerpo, a toda forma de esclavitud o explotación son características
de muchos jóvenes hoy.
Esta centralidad permite también recuperar una experiencia más
integral de la salud y la búsqueda de una mejor calidad de vida;
pero sobre todo crea una nueva cultura del amor. A partir del cuerpo se
llega al descubrimiento de la persona y su totalidad. Como lo expresa
el pensador mexicano Octavio Paz: sin erotismo -sin forma visible que
entra por los sentidos- no hay amor, pero el amor traspasa al cuerpo deseado
y busca al alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo, a la persona entera.
A la par de estos aspectos positivos no podemos negar la presencia de
otros fenómenos que afectan negativamente a los jóvenes
hoy en relación con su cuerpo. El primero es la comercialización
del mismo que siguiendo las leyes del mercado se compra, se vende y se
consume. El fin del desprecio del cuerpo ha caído desgraciadamente
muchas veces en las redes del mercantilismo y la publicidad, que llevan
a una permisividad generalizada y a la degradación, bajo las formas
de la prostitución, la pornografía, o la libertad sexual,
que en el fondo no es más que una nueva esclavitud.
A partir de este horizonte del cuerpo, ¿qué podemos hacer
a nivel lasaliano? La primera imagen que me viene a la cabeza y a la imaginación
es la de aquellos niños y niñas que con sus rostros y sus
cuerpos marcados por la pobreza, el abuso, el dolor o el desamor, la guerra
o el trabajo prematuro, nos dicen que constituyen el eslabón más
frágil de nuestras sociedades y reclaman nuestra atención
y nuestra solidaridad.
El amor de un Dios que quiere que todos se salven, pero que tiene una
predilección especial por los más pequeños, tal como
lo muestra el Evangelio y lo entendió San Juan Bautista de La Salle,
nos debe hacer creativos y eficaces.
El joven apóstol Juan descubrió la persona
de Jesús a partir de su cuerpo: Lo que hemos oído, lo que
hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y tocaron nuestras
manos tocante al Verbo de vida… (1Juan 1,1). Como jóvenes
lasalianos ayúdennos a descubrir a Dios bajo el sacramento del
cuerpo humano. Los jóvenes voluntarios son los que en un primer
momento –y sin excluir a voluntarios de otras edades– mejor
sintonizan con las particularidades de los chavales que peor lo pasan.
En este caso es importante vincular la conexión de lenguajes, gustos,
y hasta una cierta estética, con la certeza de que el encuentro
real y único con quien sufre me afecta, me toca y no me deja indiferente
(Luis A. Aranguren: “Nuevas pobrezas, jóvenes y educación”,
Misión Joven nº 273, 1999).
* Horizonte de la fragmentariedad.
El llamado "zapping" es potencial simbólico del horizonte
de la fragmentariedad y puede ayudarnos a comprender mejor este fenómeno
juvenil. Como dice Joaquín García Roca: El zapping es algo
más que el simple hecho de ver simultáneamente distintos
programas de televisión. Constituye el símbolo de una realidad
fragmentada que se compone de distintos trazos y que se elige constantemente
entre muchas opciones. Algo parecido podemos decir hoy de la navegación
que ofrece Internet, que permite vivir un continuo montaje de perspectivas,
una fiesta de imágenes, un collage de vivencias y experiencias.
El triunfo de la imagen sobre la realidad y de la superficie sobre la
profundidad conlleva unos elementos ciertamente positivos, al mismo tiempo
que unos problemas latentes. Ente los primeros podemos citar lo intercultural:
Hoy las fronteras se cruzan y las barreras se derrumban para los jóvenes,
aunque los adultos alcemos otras como en Israel o en la frontera de México.
Esta realidad favorece el diálogo, ayuda a eliminar prejuicios
y ofrece una riqueza polifónica más que monofónica.
La persona se abre a las diferencias y es más tolerante y los jóvenes
viven hoy en casi todos los campos un verdadero mestizaje cultural.
Otro valor importante para los jóvenes es el reconocimiento personal
de cada uno, el ser considerado como persona plena con derecho de palabra
y de respuesta y capacidad de decidir autónomamente; el ser escuchados
y valorados. Y hoy, los jóvenes hablan del derecho a la diferencia.
Al mismo tiempo en el supermercado de la vida se escoge lo que más
gusta o convenga, venga de donde venga… Hay lo que hay, y lo que
importa es disfrutar la facticidad del momento sin preocuparse de buscar
sentido o las causas de los efectos. La juventud nos ha ayudado a tomar
conciencia de la complejidad de las cosas, de la multiplicidad de las
causas y de las múltiples interacciones que se dan en los fenómenos
humanos. Convencerse de que en un estercolero puede nacer un jardín,
o que el hijo de la prostituta puede ser un santo, o que el fracasado
escolar puede dar lecciones de humanidad al resto de la clase, es una
lección definitiva de la actual cultura de la complejidad. (Joaquín
García Roca).
Posiblemente el mayor peligro de este horizonte sea el relativismo moral,
que puede favorecer, ciertamente, la tolerancia, pero que fácilmente
puede llevar también al indiferentismo o al pasotismo, dejando
de lado virtudes como la determinación, la perseverancia, la abnegación…
Lo cierto es que esta falta de principios, certezas o virtudes fuertes
puede ser caldo de cultivo para todo tipo de fundamentalismos, porque
como decían los antiguos la naturaleza tiene horror al vacío.
¿Cómo podemos leer este horizonte de la fragmentariedad
en clave lasaliana? Pienso en primer lugar que como Instituto internacional
ustedes pueden ayudarnos con su espíritu tolerante y abierto a
valorar y respetar la diversidad; a permitir que cada uno pueda expresarse
y ser reconocido; a no imponer una cultura sobre las demás; a construir
puentes que nos permitan aceptar las diferencias personales, culturales,
religiosas, sociales, políticas… En una palabra a crear un
mundo más humano, más fraterno, más solidario.
El vivir experiencias en otros contextos diferentes al
propio puede ser un excelente comienzo. Es lo que nos cuenta el joven
Luis Ignacio Salgado, voluntario mexicano que acaba de terminar su voluntariado
de un año en Haití: Quiero aprovechar la ocasión
para agradecer la confianza y el apoyo que siempre me brindaron durante
este año que estuve apoyando las obras de los Hermanos en Haití.
El tiempo se fue volando y me parece increíble estar preparando
ya el retorno. Borges decía, que el regreso es más difícil
que la expatriación. Sinceramente espero que no. Fue un año
de muy gratas experiencias, pero también de pruebas. Un año
que agradezco enormemente a Dios y a los Hermanos del Distrito. Si San
Francisco de Asís solía salir del monasterio para evangelizar
a la gente con su ejemplo, yo por el contrario he salido de casa para
ser evangelizado. La gente de Haití me ha enseñado con sus
carencias y sobre todo con su alegría y sencillez, qué implica
ser hijo de Dios…. (La Salle en México Sur, junio 2006).
* Horizonte de lo religioso.
Muchos hablan hoy de una búsqueda de trascendencia entre los jóvenes
a pesar del ambiente de secularización que se respira en gran parte
del mundo. Se trata de un amanecer que da más importancia a los
sentimientos, a la búsqueda de sentido, a la satisfacción
de las necesidades primarias que a lo institucional. Por un lado, la práctica
religiosa ha disminuido entre los jóvenes como lo expresan las
encuestas realizadas en muchos países, pero por otro, la demanda
religiosa se orienta por nuevos caminos. Hay tres caminos que parece se
abren paso. El de los elementos cósmicos vinculados a la ecología,
el de la experiencia personal mística de encuentro con Dios y el
de la pertenencia a una pequeña comunidad o grupo de referencia.
Pero es sobre todo la búsqueda de sentido y la respuesta a las
preguntas fundamentales del ser humano las que alimentan la inquietud
religiosa de los jóvenes. Hay como una insatisfacción por
lo que la sociedad de consumo ofrece y la necesidad de algo más.
La experiencia religiosa ha desplazado los componentes institucionales,
y en su lugar se ha constatado una fuerte presencia de elementos estrictamente
personales: el sentimiento de culpa, la vivencia de una presencia trascendente,
la preeminencia de un ser superior, el misterio de la muerte como frontera
de la vida, la experiencia de la comunicación mística (Joaquín
García Roca).
Gracias jóvenes por ofrecernos a los adultos de la Familia Lasallista
la oportunidad de descubrir la importancia de la experiencia. Una experiencia
que favorece la realización humana en el horizonte del presente
y en el ejercicio de la libertad. Gracias por invitarnos a considerar
el abismo que muchas veces vivimos entre nuestras teorías y nuestras
prácticas. Ustedes nos invitan a tener en nuestra vida espiritual
un lenguaje narrativo, concreto, cercano; a una oración encarnada,
como la de Jesús, que es ante todo apertura personal, silenciosa,
y profunda a Dios como Padre y al mismo tiempo es descubrimiento de su
voluntad salvadora y entrega de la vida por nuestros hermanos y hermanas.
Así lo expresaba José Gómez joven español
de 21 años: Yo rezo cuando amo; o como lo decía la joven
alemana Monika Gaar: Eres como un guante de lana en invierno. Eres un
bello libro: en cada página una sorpresa. Eres como un enorme pañuelo
en el que puedo verter mis lágrimas. Eres como un teléfono
amigo que nunca está ocupado. Experiencia de un Dios cercano que
toma cuerpo en los más débiles: Mi plegaria más bella
es ver a mi hermano, cada mañana, cada tarde, en cada instante.
Mi hermano al que los otros dicen: “down” (Cristina Del Sol,
Italia) (Preghiera , San Paolo-Fabrica).
Los adultos no debemos olvidar la estética y el espíritu
de convivencia que ustedes nos ofrecen y ustedes mismos deben estar abiertos
a la ética y al compromiso transformador del mundo de los adultos.
Lo importante es hacer una síntesis integral. La experiencia de
otro joven voluntario mexicano puede ser un ejemplo estimulante: Ser voluntario
de La Salle es una aventura que te cambia la vida 100%, cuando ya estés
concluyendo tu período podrás ver tus zapatos y verás
que están muy gastados porque Dios ha caminado en ti y su poder
tan grande está viviendo en ti. Recuerdos te llevarás muchos,
desde las sonrisas del niño con quien jugaste al balón hasta
el señor que te ha enseñado a usar el azadón. Si
aprendiste bien, ese azadón te podrá ayudar a seguir trazando
tu vida, porque no solamente eres voluntario un año, tres meses,
o unas semanas, sino que eres voluntario por siempre, voluntario de Dios.
Cuando te faltan 20 días para terminar esta experiencia te llenarás
de sentimientos muy fuertes de alegría y de tristeza ya que todo
tu ser no se quiere marchar del lugar donde has podido realmente empezar
a vivir (Manuel Alejandro Corona, Voluntario en Ayahualulco, México,
La Salle en México Sur, junio 2006).
CONCLUSIÓN
Cuando en la primera entrevista realizada al Papa Benedicto XVI, pocos
días después de su elección se le preguntaba qué
mensaje específico deseaba llevar a los jóvenes que se iban
a reunir en Colonia, su respuesta espontánea fue: Quisiera mostrarles
lo bonito que es ser cristianos, ya que existe la idea difundida de que
los cristianos deben observar un inmenso número de mandamientos,
prohibiciones, principios, etc., y que por lo tanto el cristianismo es,
según esta idea, algo que cansa y oprime la vida, y que se es más
libre sin todos estos lastres. Quisiera en cambio resaltar que ser sostenidos
por un gran amor y por una revelación no es una carga, sino que
son alas, y que es hermoso ser cristianos. Esta experiencia nos da amplitud,
pero sobre todo nos da comunidad, al saber que, como cristianos, no estamos
jamás solos: en primer lugar encontramos a Dios, que está
siempre con nosotros; y después nosotros, entre nosotros, formamos
siempre una gran comunidad, una comunidad en camino, que tiene un proyecto
de futuro: todo esto hace que vivamos una vida que vale la pena vivir.
En el fondo eso espero que ustedes los jóvenes
aporten a la Misión educativa lasaliana. Que, viviendo la experiencia
de un Dios siempre cercano, sean una comunidad en camino con un proyecto
de futuro a partir de los horizontes del presente, del cuerpo, de la fragmentariedad,
de lo religioso. Que hagan posible la misión compartiendo sus sueños
y que el Señor no mitigue sus sedes, no aplaque sus hambres sino
que los empuje a la vida, para que otros, para que todos, tengan vida
y vida abundante.
Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General
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