DESDE
LOS INICIOS 1903 HASTA 1923
...
De las palabras se pasa a los hechos y ...
“El
25 de julio llegaba a París el Padre Lezcano; se entrevistó con el Superior
General, poniendo en sus manos, todo de cuanto era portador: dinero para el
viaje, cartas informativas, las correspondientes autorizaciones para
establecerse legalmente en Nicaragua y los inmensos deseos de cuantos estaban
interesados en la llegada de los Dr. Máximo H. Zepeda Hermanos.
El
día 11 de octubre de 1903, a bordo del León XIII, seis religiosos, Hijos de La
Salle, se embarcan en el puerto de Barcelona rumbo a tierras desconocidas.
Atracado en Colón, en costas americanas, los Hermanos atravesaron el
istmo hasta llegar a Panamá, convertida pocos días antes, en capital de la
naciente República.
Desde
Panamá, bordeando litorales, contemplando desde cubierta los bellos paisajes,
atardeceres jamás soñados, sus almas de apóstoles, caldeadas con impaciencias
misioneras, se preparan para el fiel cumplimiento de la tarea apostólica que se
les confiaba. El 14 de noviembre, desde cubierta, contemplan entusiasmados la
tierra que los va acoger. ... En el muelle, para darles la bienvenida, esperaban
a los Hermanos el Dr. Zepeda y el P. Pompilio Peña. No lejos del barco,
mientras descendían los pasajeros y se cruzaban los primeros saludos,
felicitaciones y agradecimientos, la banda del Hospicio alegraba
el ámbito
portuario con las alegres notas de un variado repertorio. Era sábado.”
Las
miradas de curiosidad se cruzaban por ambas partes...
“La rara
vestimenta que portaban los recién llegados hubo de llamar la atención de los
presentes; mas para el Dr. Zepeda, aquel hábito negro, con cuello blanco y
manteo de mangas flotantes, fue el revivir gratos recuerdos de sus años de
estudiante, al lado de los Hermanos de La Salle. El día siguiente el P. Peña,
en horas muy tempranas, celebró la Eucaristía para los Hermanos, antes de
emprender viaje a León.
Algo
sorprendente, nunca esperado, encontraron los Hermanos en el trayecto Corinto-León.
Estaciones adornadas con banderas, guirnaldas y palmeras; bandas de música
lanzando al aire sus notas; sacerdotes, acompañados de sus feligreses, se
acercaban para darles la bienvenida y un cúmulo de atenciones recibidas a lo
largo del viaje; así como el embrujo encantador de nuestras montañas y
volcanes, las grandes zonas cubiertas de frondosa vegetación, todo hacía
brotar en sus corazones, una admiración entrañable por esta tierra que así
los recibía.
En
la vieja metrópoli, una abigarrada multitud los esperaba. La estación resultó
pequeña para dar cabida a tanta gente que acudió, si algunos llevados por la
curiosidad, la mayoría respondiendo a la llamado del
Padre Dubón quien, en hojas volantes, había convocado al pueblo para
darles la bienvenida”.
... El pueblo respondió al llamado del Padre Dubón, manifestando así la
simpatía por el sacerdote y por la obra que había fundado. En la estación, se
organiza un desfile hacia la Catedral, entre el ensordecedor ruido de pólvora,
estampido de cohetes, las notas marciales de la banda, difícilmente escuchadas
por el solemne repique de las campanas de todas las iglesias, echadas a vuelo en
señal de alegría.
En
el atrio catedralicio los esperaba Mons. Pereira y Castellón, acompañado del
Cabildo eclesiástico y dentro, el templo abarrotado de fieles. Tras el canto
solemne del Tedeum y unas emotivas y cordiales palabras del Pastor de la grey,
de nuevo, en el atrio, se organiza la marcha hacia el Hospicio, pero un
torrencial aguacero ahuyentó, momentáneamente, a los concurrentes”...
El
periódico ‘El Independiente’ publica así la noticia:
“Procedentes
de Francia llegaron, en días pasados, seis religiosos para hacerse cargo del
Hospicio San Juan de Dios. Nuestro pueblo, como sabe hacer las cosas, les dio
una calurosa bienvenida; fueron recibidos en la estación por numeroso público
que se mostraba muy entusiasmado y, en el atrio de la catedral, por las
autoridades eclesiásticas.
Deseamos
a los recién llegados, una feliz y larga permanencia en nuestra tierra, que tan
cariñosamente los recibe y también, los abundantes frutos que nuestra sociedad
espera, de su desempeño en la Obra que se les encomendó”.
La
primera toma de contacto había sido toda una sorpresa, y “El
día siguiente, los viejos corredores del Hospicio reunieron a los más
allegados al Padre Dubón. Toda la casa era un primor. Paredes cubiertas por
vistosas colgaduras, cenefas ocultando techos deteriorados, profusión de ramos
y flores ... dejaron en los Hermanos, magnífica impresión, por aquella recepción
inesperada. El mismo día, los recién llegados, acompañados por sus
anfitriones, tuvieron la atención de visitar a las autoridades locales.
Escucharon palabras de bienvenida, encomio de la obra, promesas de incondicional
apoyo; compartiendo todos, la satisfacción del presente y el éxito del futuro.
El
22 de noviembre, domingo, el General Zelaya recibe a los Hermanos en Managua;
una audiencia en la que por la cordialidad, manifestada en conversación amena,
estuvo alejada de todo protocolo. El marcado interés del Jefe del Estado por la
Obra y la empeñada promesa de particular protección de parte del Gobierno,
mantuvieron más ilusionados, y si cabe más comprometidos, a los nuevos
responsables del Hospicio”.
La
hora del duro trabajo ha llegado y los Hermanos empiezan a vivir una realidad
bien distinta y de los sueños vividos los primeros
momentos...
”Cuando
todo el atuendo que cubría las paredes fue retirado; los muros mostraron sus
adobes en carne viva, sin repello y con innumerables grietas... Los niños, que
formaban el grupo acogido al amparo de aquellos muros, carecían de calor humano
y no presentaban, al parecer, mejor aspecto que la casa, por lo harapientos y
sucios como estaban, además de raras manías, malas costumbres e incipientes
vicios en algunos de ellos”
|
|
H.Viventien Aimé Asistente del Superior Gral |
Los
Hermanos y los hospicianos tenían que ingeniárselas para sobrevivir.
“Cuando los
víveres se
agotaban y no
había cómo llenar la despensa, se organizaban
giras artísticas por los pueblos de los contornos. Los doce o quince
músicos que integraban la banda, orgullosos con sus uniformes, simple camisa
blanca y pantalón de dril,
entraban en los poblados al son de las más entusiastas piezas del
repertorio. La novedad atraía a gran
concurso de gente, ante el que se tocaba
una segunda y tercera piezas.
Acto seguido el párroco,. el alcalde o algún
destacado ciudadano del pueblo daba a conocer
el motivo de tan singular visita; exponía a los
concurrentes las necesidades del Hospicio y les
invitaba a remediarlas en la
medida de sus posibilidades.
Aquellas buenas gentes tenían
corazón generoso y al rato:
regresaban con racimos de guineos, sacos de maíz, cargas de
quiquisque, huevos, gallinas
y hasta lechones y terneros...”
“Eran
más frecuentes las visitas al mercado con cajones, provisto de agarraderas,
iban varios alumnos al mercado acompañados por un Hermano, pidiendo víveres
para alimentar a los huérfanos. Pronto
los recipientes, resultaban pequeños para dar cabida a la generosidad de
aquellas vendedoras que veían, en los niños menesterosos, al hombre honrado y
trabajador del día de mañana"
“El
problema más acuciante, por muchos años, fue la alimentación. El pan que hoy
se tiene no alcanza para mañana. El pequeño patio del Hospicio fue
transformado en huerto, confiados en que la generosidad de la tierra, el
frecuente riego, el asiduo cuidado e interés de los internos se tradujeran en
abundantes hortalizas. Acosados por la necesidad, los Hermanos buscan una finca
en las inmediaciones de la ciudad y la encuentran camino a Telica. “
Pronto van a empezar a sentir los Hermanos en sus carnes las críticas y el
rechazo al no comprender los métodos y sistema de su trabajo.
El
Padre Dubón sale al paso de las críticas y en una hoja suelta que hace
circular entre sus feligreses escribe y que está fechada el 21 de enero de
1904:
...
“Mucha indulgencia, sin
duda, hubo respecto a mi persona, por parte de la sociedad para no
levantar muy alto el grito contra los desórdenes que observaban en el interior
del Hospicio; pero esa indulgencia a mi no me satisfacía... Tampoco faltaron
los que me dieron limosna para el sostenimiento del mismo. Pero ninguno se
presentó que viniera dispuesto a practicar aquello mismo que yo hacía por el
bien de los huérfanos, renunciar a todo puesto lucrativo en la sociedad, para
consagrarse exclusivamente al servicio del pobre, sin percibir por ello,
retribución alguna.
Sólo,
los Hijos de San Juan Bautista De La Salle, aunque de nacionalidad extranjera,
aceptaron gustosos la invitación que
les hice de venir a este apartado rincón del mundo, a prestar su colaboración
gratuita en el Hospicio que había fundado.
Dos
meses apenas tienen los Hermanos de haber comenzado en el Hospicio sus tareas
educacionales y, en tan corto tiempo, ya han desaparecido del establecimiento
los desórdenes a que daba lugar la falta de un personal adecuado y suficiente.
Ahora los alumnos pasan el día bien ocupados, en la escuela o en el taller y da
gusto verlos trabajar en silencio, sin que se perciba en la casa otro ruido que
el de los instrumentos de trabajo....
Y
todo esto lo han conseguido los Hermanos sin acudir al uso del látigo, sino a
las buenas maneras, con paternales exhortaciones y, sobre todo, con el arte
admirable que poseen para despertar en el corazón de los alumnos el sentimiento
de la propia dignidad...
He dicho lo suficiente para desvanecer los injustos cargos que se han dirigido a los Hermanos de las Escuelas Cristianas y, ahora para concluir sólo me resta suplicar a los Venerables Hermanos perdonen la ingratitud con que los han tratado unos cuantos hijos de Nicaragua...”
Nos recuerda el autor del libro que:
“No
fue del agrado de todos que el Gobierno del General Zelaya permitiera la entrada
al país , a estos religioso que desde el oscuro rincón de las aulas, tratan de
iluminar las mentes, templar las voluntades, motivar esfuerzos
prodigando sonrisas y derrochando energía para preparar a través del
trabajo y la formación moral, un futuro digno
a esta porción de la juventud nicaragüense”.
![]() |
|
El Padre Mariano Dubón, ante el viejo caserón del Hospicio . |
Nicaragua
vive tiempos marcados por una doctrina extremadamente liberal y radical que
lleva a la Asamblea Nacional a
decretar el día 27 de septiembre de 1904:
“El
Poder
Ejecutivo no permitirá la entrada al País ciudadanos pertenecientes a
Congregaciones religiosas, de cualquier índole que sean”
Sin
embargo el apoyo del Presidente de la República al Hospicio es claro y decidido
como lo muestra el telegrama enviado al Jefe Político de León en estos términos:
”Guárdese
usted de estorbar la obra de los Hermanos pues si llego a saber que usted los
obstaculiza inmediatamente será depuesto de su cargo”.
Los Hermanos quisieron hacer oídos sordos a toda esta tensión política
y seguir centrados en su tarea educativa. Su mente y esfuerzos estaban en otro
sitio en su trabajo silencioso... “
Sin que nadie se percatara y menos se preocupara de la cruda realidad que vivía
el Hospicio, ofreciendo posibles soluciones, intramuros se llegó a situaciones
económicas preocupantes, hasta tal punto que la obra parecía insostenible.
Sumamente
angustiado por los continuos problemas, de dentro y fuera de la casa, sin solución
inmediata; asediado por dificultades, muchas veces insalvables; físicamente
agotado por el ardiente clima, no menos que por el trabajo y la magnitud de la
difícil misión a él encomendada,... quebrantaron
la salud del Hermano Pedro, primer director del Hospicio. Los Superiores
tuvieron que apartarlo de toda responsabilidad, antes de cumplir un año de su
llegada a León. Regresó a Europa en busca de la salud perdida. Lo remplazó el
Hermano Blaste Auguste, recientemente llegado a León.”
Y en momentos tan delicados se vuelcan en apoyo de los Hermanos autoridades
religiosas, ciudadanas y contó con la ayuda personal de la esposa del
Presidente Dña. Blanca de Zelaya. Pero los rumbos de la política iban por otro
lado y las leyes antirreligiosas siguen aprobándose: prohibición de
manifestaciones religiosas fuera de los templos, prohibición de vestir hábito
religioso fuera del templo...
Pero las dificultades se mantienen "la
intranquilidad que creaban además, el agobio económico y la falta de dinero
que imposibilitaba a los Hermanos adquirir ropa para vestirse, con relativa
decencia, al no poder usar la sotana, hacían más difícil aquella situación
de verdadero sacrificio.
En
condiciones, de extrema penuria, con un horizonte sombrío, la situación se
tornaba cada día más crítica y el definitivo abandono del Hospicio fue
decretado. Con el fin de evitar momentos conflictivos y para que la emotividad
de la despedida no cerrara el camino que se iba a emprender, los internos fueron
enviados a sus familias. Aquel día el Hno. Visitador tenía en sus manos un
nuevo contrato, que pudiera asegurar los recursos, para presentarlo al Dr. Luis
M. Debayle, jefe de la Junta de Beneficencia. Al no ser aceptado, el retiro de
los Hermanos no tenía marcha atrás, procediéndose de inmediato a entregar la
casa, vestirse de civil y dirigirse a Corinto. Los Hermanos debían abandonar la
casa a las 2 p.m., era el 9 de enero de 1906 . Cerradas ya las maletas, todo
estaba listo para alcanzar la puerta. El Gobierno se hacía cargo de llevarlos a
Corinto.
Sentados a la mesa, no sin sentirse preocupados y quizá no del todo tranquilos por la decisión tomada, sonó el teléfono. Era una llamada del General Zelaya que invitaba a los Hermanos a posponer la salida. Gracias al teléfono y a la buena voluntad de las autoridades, aquel mismo día, todo quedó arreglado, con gran alegría de los amigos del Hospicio, especialmente del Padre Dubón y del Dr. Zepeda que no cabían en sí de gozo. Algunos días después, se firmaba un contrato valedero por seis meses. En él se estipulaba la entrega mensual de tres pesos por alumno y nueve por cada Hermano; el capellán recibiría diez pesos. Además, las limosnas y otros ingresos que pudieran llegar al Hospicio debían destinarse a mejorar la planta.
![]() |
|
Hno Largión Jules Primer Visitador |
Después de los
borrascosos tiempos vividos, parece que llega
la calma: “Para
octubre de 1908 la planta física del Hospicio, pese a las mejoras en ella
realizadas, resulta demasiado pequeña. Las solicitudes de admisión, cada día
son más numerosas y, desde alejados rincones piden cupo para niños
desamparados.
La
imagen que de sus beneficios proyecta el Hospicio en el ámbito nacional, es
conocida por el pueblo necesitado. Con arrojo y esfuerzo se han superado las
dificultades encontradas, procurando paulatinamente, ir adelante hasta alcanzar
las metas propuestas. La formación religiosa que se da, sin descuidar los
aspectos culturales, la excelente preparación técnica y los buenos hábitos
que distinguen a los alumnos del Hospicio, son razones que alegan cuantos
solicitan un cupo para sus recomendados.
No se puede dar gusto a todos,
habida cuenta la limitación física y los no muy abundantes recursos de que se
dispone. Tal fue el prestigio de seriedad adquirido por el Hospicio en la
formación de los jóvenes que, son muchos los que, no siendo huérfanos, piden
ser admitidos aunque deban abonar las cuotas que la dirección establezca; pero
dado el carácter de gratuidad que caracteriza a la Institución, resulta
imposible aceptar estas solicitudes. Los internos superan el centenar.
Cualquier
rincón o espacio libre es adecuado para improvisar un aula; comedores y
dormitorios resultan buenos, pese a los inconvenientes que ofrecen. El espacio
situado debajo de la sala comunitaria es lugar apropiado para construir aulas.
Durante varias semanas, carpinteros, albañiles y los mismos alumnos compiten,
en entusiasmo y esfuerzo, para realizar la proyectada tarea y, en octubre, tres
nuevas aulas, espaciosas, ventiladas y muy excelentes para aquellos tiempos, están
a disposición de los alumnos.
Descartada definitivamente la
posibilidad de abandonar el Hospicio y quemadas las naves, por si la idea
tentadora volviera a presentarse, a partir de 1908, los Hermanos planifican una
organización suigéneris del. Hospicio San Juan de Dios. Nuevos Hermanos han
llegado a León y aquí arraigarán en una entrega, con heroísmo, hasta la
muerte..”
“ El día 13 de abril de 1910 hay
un cambio en la dirección del Hospicio. El Hno. Hospice León deja el Centro
para embarcarse hacia Panamá. Cuatro largos años, pasados entre renovadas
dificultades, dejaron arruinadas sus fuerzas físicas, pero sin mellar en nada
su férrea voluntad. Le sucedió el Hno. Armando Miguel que ya, desde años atrás,
formaba parte de la comunidad y que no tuvo mayores contratiempos para llevar
adelante la
obra.”
Los tiempos se
tornan más difíciles pues la guerra asola al país “Desde
octubre de mil novecientos nueve a agosto del siguiente año, la guerra civil
estremeció gran parte del país; tan sangrienta fue, que ha quedado en los
anales de la Historia como la más cruenta de las habidas hasta entonces..
... Como regalo de año, el primero
de enero de 1910, el presidente Madriz autorizó, a clérigos y religiosos,
volver al uso de la sotana, arbitrariamente prohibido por el General Zelaya.”
Los cambios políticos se suceden con rapidez...
Las
dificultades parecen ir unidas a la vida del Hospicio así como el cariño de
una parte de los ciudadanos y autoridades locales así leemos en ‘El Diario de
Occidente’ del 5 de septiembre de 1911, bajo el título “El Hospicio de Huérfanos”.
”Esta
casa de caridad, que ha hecho tanto bien a los niños abandonados de nuestro país,
se encuentra en la actualidad en tremenda crisis. La pequeña pensión que el
Gobierno les pasa ya no es suficiente para atender los gastos.... Esta obra es
digna de toda protección, ahí están acogidos niños, de diferentes puntos de
la República, que reciben educación cristiana y se les enseña un oficio....No
se ha apreciado, como se debe, la solícita labor de los Hermanos....”
Unos días más tarde se
hace eco, esa misma publicación de la respuesta favorable que han tenido las
personas generosas...
En 1904, al formarse el
distrito de Panamá, el Hno. Alfonso Jeberto deja de ser Visitador de la única
Casa establecida en Nicaragua. Le sucede el Hno. Largion Jules, quien ya conocía
Nicaragua, pues en 1904, había pasado unos meses en el Hospicio.
Los cambios políticos hacen mirar el futuro con algo más de tranquilidad.
“La
propuesta que hizo el Gobierno de la Escuela Normal, fue del agrado del Hno,
Visitador que, entusiasmado por un excelente porvenir, firmó el contrato de la
fundación del Pedagógico, el 31 de mayo de 1912 y que alcanzaron la obligación,
por parte de la Congregación, al ser refrendado por el Superior General.”
La vida en el Hospicio pasa por momentos en los que la bonanza y las
dificultades se van sucediendo...
“El 23 de mayo de 1911 comienza el año escolar; Cerca de trescientas nuevas
solicitudes atestan el despacho del Hno. Director; de ellas se admiten cuarenta
y nueve con lo que el número de internos, al iniciar el curso, llega a ciento
quince.
Durante
los primeros meses, cuatro Hermanos llevan adelante la actividad académica y el
control del internado. Con el cambio de moneda y la escasa subvención mensual
que llega, los Hermanos se ven obligados a recurrir a la caridad pública que,
dichosamente respondió con generosidad
No
disminuyen ni se alivian las dificultades económicas en 1912 y para poner
remedio a la permanente penuria, los Hermanos se ven precisados a abrir una
escuela, cabe los muros del Hospicio, con el fin de poder mantener la Institución.
Para
este campo de trabajo, fueron designados los Hnos. Gabriel Cassien, Argeo
Gabriel y Blaste Hubert. La fecha señalada para el inicio clases es el 28 de
julio; pero uno de los escogidos, el Hno. Blaste Hubert, muere ese mismo día, víctima
de inesperadas complicaciones. La fecha de la inauguración se pospuso al
primero de agosto.”
“Pocos
días después, toda la ciudadanía, está de luto; pese a la extrema pobreza
que vive el país, una nueva revolución, entre chamorristas y menistas, estalla
en Managua. León no queda al margen de la contienda y sus habitantes sufren los
estragos del hambre y los horrores de la guerra. La tortilla y el pan, tienen
alturas inalcanzables. El hambre traspasa los muros del Hospicio y sus moradores
sienten el vacío en sus estómagos. Son días de terror; la ciudad, además de
los efectos de la guerra, sufre el pillaje y el saqueo. Hombres, mujeres, y
hasta niños pequeños, se lanzan como fieras en busca de cuanto de provecho
puedan encontrar.
El
Hospicio abre sus puertas de par en par; en poco tiempo se transforma en refugio
de cuantos, huyendo del peligro, buscan seguridad física y un poco de alimento.
Como no había pan para todos y temiendo nuevas complicaciones bélicas, los
internos como medida de prudencia, son enviados a sus familias. ... León es
campo de cruentas batallas que recuerdan trágicas páginas de la Historia.
Durante tres días y tres noches, el Hospicio se llena de mujeres, niños y
enfermos; mientras en calles y casas se cometen atroces asesinatos; los
edificios reducidos a pavesas y la ciudad convertida en ruinas.
...
Los Hermanos y todos cuantos creían haber encontrado seguridad bajo el techo
hospiciano, corrieron el riesgo de morir abrasados aquella noche. Había que ver
la angustia y postración de centenares de refugiados, tras aquellas paredes”.
Al comenzar 1913 llegan
nuevos Hermanos al Hospicio y entre ellos “está
el Director del Hospicio; es el Hno. Apolinar Pablo que no dispuso de mucho
tiempo para enrumbar la Obra por los caminos que su entusiasmo y saber prometían,
ya que en mayo, se requería de su capacidad y esfuerzo en Managua para
organizar la Escuela Normal que el Gobierno ponía al cuidado de los Hermanos.
Nada
fácil fue la gestión del nuevo Director, Hno. Odoard Jean; las dificultades
volvieron a presentarse y la penuria, debido al incumplimiento en la entrega de
los estipendios convenidos, hizo sentir el rigor de la necesidad. A tal extremo
se llegó que, el 25 de julio, se enviaron a cuantos ... internos pudieron
encontrar quien los recibiera en sus casas”.
Otra vez la generosidad de los particulares viene a sacar del apuro al
Hospicio.
Tras
un breve directorado del Hno. Odoard, “el
30 de noviembre llegaba de Managua el Hno. Liebert Ambroise para hacerse cargo
del Hospicio.
El
Hospicio había venido a menos. La comunidad formada por cinco Hermanos y dieciséis
internos era todo lo que albergaba el Centro. Talleres y clases estaban
interrumpidas y los niños, acompañados por los Hermanos, pasaban los días en
la finca y allí, llenan la jornada alternando, con lecciones teóricas las prácticas
de agricultura y deporte.
Se abrieron las puertas el 25 de
diciembre y de nuevo el Hospicio retoma su peculiar ritmo de vida. Ochenta
internos integran el grupo escolar que llegó a final del curso en 1915, y que
se cerró con broche de oro. ... Era la primera vez, en la historia de la casa,
que se clausuraba un año escolar con una sesión como la del presente.”
Una
grata visita viene a reconfortar sus ánimos: “El
ocho de abril de 1920, los Hermanos tienen la alegría de recibir, en ambiente
familiar, al Hno. Viventien Aimé, Asistente del Superior General. Desde el
inicio, a principios de siglo, el espíritu y el corazón de este Hermano han
estado muy cerca de Nicaragua.
El
séptimo Director es el Hno Liebert Ambroise que durante 5 años desempeño este
puesto y que da un gran impulso al taller de carpintería. Le sucede el Hno. Vauthier
de Jesús. “El
paso del Hno. Vauthier por León señalará el inicio de una etapa de
extraordinaria fecundidad espiritual a la par que una prosperidad, hasta ahora
desconocidas, en la actividad hospiciana. Gracias a su tesonero esfuerzo,
secundado por un excelente grupo de abnegados colaboradores, el Hospicio
emprende su marcha ascendente.
Los
talleres se ponen al día con una minuciosa organización que facilita el
aprendizaje de los alumnos; a los dos años se instala el taller de tipografía,
que será medio eficaz para consolidar la estabilidad económica de la Casa; se
construye un horno y, el pan del Hospicio se vende en casas y pulperías
leonesas; se aumenta el ganado vacuno y hay suficiente leche para el consumo de
la familia hospiciana; se instala una biblioteca y se amplía una sala de
lectura para los internos.
Gracias
a las gestiones de D. César Arana, Ministro de Hacienda, por muchos títulos
insigne bienhechor del Hospicio, se instala una fábrica de puros, San Rafael;
los talleres se van remodelando
con nueva maquinaria; carpintería y ebanistería adquieren reconocida
fama por la perfección de sus acabados; la banda de música, bajo la acertada
batuta del Hno. Agustín, contribuye al esparcimiento y solaz de los leoneses,
desde el quiosco del parque central... “
La colaboración de
particulares y autoridades siguen escribiendo momentos de progreso como el caso
de la “generosidad
de D. Diego Manuel Chamorro, debe el Hospicio un motor de gas pobre de 10 HP,
capaz de poner en movimiento las máquinas de la Imprenta y de la carpintería.”
Junto al progreso
material “
no descuidó el Hno. Vauthier, la otra vertiente, tan necesaria, la espiritual.
Para maestros Y alumnos, una vez al año, organiza retiros cuya dirección
encomienda a celosos sacerdotes de la Metrópoli; los resultados de tan
importantes encuentros fueron satisfactorios, al transformar el ambiente
hospiciano con una mayor vivencia religiosa.”
Volver a la página del Politécnico La Salle
Volver al capítulo 1º: antes de los Hermanos
Seguir
al siguiente capítulo: 1924-1943