Viviendas para mineros

Las viviendas para mineros eran todas idénticas y responden a la tipología de casa doble con un pequeño huerto o jardín de 200 metros cuadrados. Cada vivienda disponía de planta, piso y desván (unos 58 metros cuadrados en total). Cualquier alteración de la casa debería ser aprobada por la empresa para evitar las alteraciones del aspecto estético. Las viviendas, en 1891, tenían tres bloques que contenían un total de 42 viviendas. Se prefirió el sistema de casa individual porque permitía disciplinar a los residentes con mayor facilidad: Preferimos los bloques a casas individuales porque deseamos disciplinar al persona, cuyas costumbres son de algún modo primitivas e inculcarles el hábito de la limpieza y el respeto a la propiedad, que no tienen en absoluto (Shubert, A.: Hacia la revolución. Orígenes sociales del movimiento obrero en Asturias, pp. 117).

Cada bloque de viviendas era vigilado por un empleado de mayor rango que los otros, un capataz, que informaba de los abusos y exigía una limpieza general cada semana. Tales viviendas eran consideradas como una recompensa por los niveles de moralidad ya alcanzados, no como medio de desarrollarlos. Las casas estaban habitadas por «obreros modelo» y los residentes iniciales fueron cuidadosamente seleccionados. Pagaban alquileres por la casa que habitaban o bien eran dueños de la misma si habían tenido la fortuna de ganar la lotería que administraba la empresa. Este status se transmitía de padres a hijos.